Un desastre modifica las condiciones bajo las que normalmente funciona un hospital. Puede afectar la infraestructura, interrumpir servicios de soporte y obligar a trasladar pacientes o equipos mientras la demanda asistencial aumenta.
Para la ingeniería clínica en desastres hospitalarios, el reto no empieza cuando ocurre la emergencia. Empieza mucho antes, cuando se identifican los equipos cuya disponibilidad puede condicionar la atención y se analiza qué necesitan para seguir operativos.
El terremoto que afectó a Colombia el 10 de agosto de 2026 vuelve visible una pregunta que la gestión del riesgo hospitalario ya venía planteando: ¿qué tan preparada está la tecnología clínica para una interrupción que no respeta los límites entre infraestructura, equipos y atención?
¿Hablamos de preparación hospitalaria?
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Lo que dejó el terremoto en Colombia (y lo que se repite en la región)
El terremoto del 10 de agosto de 2026 puso bajo presión la capacidad hospitalaria de varias ciudades colombianas y obligó a considerar evacuaciones y atención en instalaciones provisionales. Las cifras de víctimas y afectaciones continuaban actualizándose al momento de preparar este artículo, por lo que no deben interpretarse como definitivas.
El dato más importante para la ingeniería clínica no está solamente en la magnitud del evento. Es lo que sucede cuando la operación hospitalaria deja de desarrollarse bajo las condiciones para las que fue diseñada.
Un equipo puede encontrarse técnicamente disponible y, aun así, no ser utilizable en determinado momento. Un ventilador necesita energía y condiciones adecuadas de operación; un monitor requiere alimentación y un entorno que permita utilizarlo correctamente; una bomba de infusión puede necesitar ser trasladada junto con el paciente cuando cambia de ubicación.
Cuando la infraestructura resulta afectada, la gestión de estos equipos cambia. La pregunta deja de ser únicamente si el dispositivo funciona y pasa a ser si puede seguir prestando servicio de forma segura en las condiciones disponibles.
Esta distinción es importante porque la continuidad asistencial depende de una cadena tecnológica más amplia que el activo individual. Energía, espacios, redes de soporte, accesibilidad, personal, mantenimiento y disponibilidad de repuestos pueden condicionar la respuesta.
La experiencia colombiana tampoco debe analizarse de manera aislada. La OPS/OMS ha documentado en 2026 afectaciones a la respuesta sanitaria en Venezuela asociadas a terremotos, incluyendo problemas relacionados con la disponibilidad de equipos médicos e insumos. Son situaciones distintas y no deben mezclarse sus cifras o características, pero ambas muestran una misma realidad regional: la tecnología sanitaria también forma parte de la capacidad de respuesta ante desastres.
En Colombia, además, esta discusión no comenzó con el terremoto. El país ya venía desarrollando políticas relacionadas con hospitales seguros y gestión del riesgo, dentro de un proceso que posteriormente incorporó el enfoque de Hospitales Resilientes frente a Emergencias de Salud y Desastres.
Ese punto cambia la conversación. La preparación no debería plantearse únicamente como reacción ante lo ocurrido, sino como una capacidad que se construye cuando todavía existe la posibilidad de identificar vulnerabilidades y corregirlas.
Antes del desastre: qué significa realmente estar preparado
Estar preparado desde ingeniería clínica significa conocer qué tecnología es crítica para la atención, qué condiciones necesita para mantenerse disponible y qué vulnerabilidades pueden comprometerla cuando el hospital deja de operar en condiciones normales. La preparación empieza mucho antes de activar un plan de emergencia.
En la práctica, esto obliga a mirar el inventario y la hoja de vida de equipos biomédicos con un criterio diferente al mantenimiento rutinario. No todos los activos tienen la misma consecuencia clínica si quedan fuera de servicio durante una emergencia. Un equipo puede tener alta disponibilidad en condiciones normales y, sin embargo, convertirse en una prioridad absoluta cuando aumenta la demanda de atención o se pierde capacidad en otra área.
La preparación tecnológica tampoco debería quedar confinada al departamento de mantenimiento:
- Criticidad clínica: qué ocurre con la atención si el equipo deja de estar disponible.
- Dependencia de infraestructura: qué servicios necesita para funcionar y qué sucede si alguno se interrumpe.
- Disponibilidad: qué alternativas existen si el equipo falla o debe trasladarse.
- Mantenimiento: qué condiciones deben comprobarse para reducir fallas evitables.
- Trazabilidad: cómo identificar rápidamente el estado y ubicación de los equipos durante una emergencia.
Cumplir con el mantenimiento preventivo es apenas una parte de la preparación. También hace falta conocer el estado de la tecnología que tendrá mayor demanda cuando la capacidad operativa del hospital esté bajo presión.
La criticidad empieza antes de la emergencia
La ingeniería clínica puede aportar a la preparación identificando anticipadamente cuáles equipos y sistemas tecnológicos merecen atención prioritaria dentro de los escenarios de riesgo del hospital. Esta información permite que las decisiones durante una emergencia no tengan que comenzar desde cero.
Esta relación también conecta la ingeniería clínica con la gestión del riesgo de desastres en salud. La tecnología biomédica no debería analizarse separada del lugar donde está instalada. La disponibilidad de un ventilador, por ejemplo, está condicionada por elementos que van más allá de su estado técnico: alimentación eléctrica, ubicación, accesibilidad, condiciones del espacio y posibilidad de mantenerlo operativo.
La preparación también requiere pensar en escenarios que obliguen a mover pacientes o reorganizar servicios. Si una unidad deja de estar disponible, algunos equipos deberán acompañar la atención en otra ubicación. Eso introduce preguntas operativas que conviene resolver antes del desastre: qué equipos pueden trasladarse, cómo se identifican, quién verifica su condición y cómo se registra su nueva ubicación.
El objetivo no es predecir exactamente qué ocurrirá. Es reducir la cantidad de decisiones críticas que tendrán que improvisarse cuando el tiempo y los recursos sean limitados.
La necesidad de involucrar a la ingeniería clínica en esta conversación tampoco es nueva. Fernandes y Zaman ya advertían en 2012 que la ingeniería biomédica tenía poca presencia en la planificación de desastres, sobre todo en entornos con recursos limitados. Han pasado más de diez años y los escenarios han cambiado, pero la pregunta sigue vigente: ¿qué lugar ocupa la tecnología médica cuando un hospital tiene que responder bajo condiciones extraordinarias?
Preparar equipos también significa preparar decisiones
Antes de una emergencia, la ingeniería clínica puede ayudar a establecer qué tecnología requiere prioridad, qué alternativas existen y bajo qué condiciones un equipo puede mantenerse o regresar al servicio.
| Aspecto a evaluar | Pregunta que debe responder ingeniería clínica | Decisión que facilita |
|---|---|---|
| Criticidad clínica | ¿Qué impacto tendría que este equipo quede fuera de servicio? | Priorizar atención y respuesta |
| Dependencia de infraestructura | ¿Qué necesita el equipo para seguir operativo? | Identificar vulnerabilidades |
| Disponibilidad | ¿Existe otro equipo que pueda asumir la función? | Definir alternativas |
| Mantenimiento | ¿El equipo se encuentra en condiciones de operación? | Priorizar revisiones y acciones técnicas |
| Ubicación y movilidad | ¿Dónde está y puede trasladarse si cambia el escenario? | Facilitar reorganización de servicios |
| Trazabilidad | ¿Cómo conocer rápidamente su estado y ubicación? | Agilizar decisiones durante la emergencia |
Esta información permite que el inventario deje de ser solamente un registro de activos y se convierta en una herramienta para la continuidad asistencial. Durante una emergencia, saber que existen diez ventiladores aporta menos que saber cuáles están disponibles, dónde se encuentran, qué condiciones necesitan para operar y qué alternativas existen si alguno falla.
Por eso, la preparación tecnológica no debería quedar confinada al departamento de mantenimiento. Tiene que relacionarse con la planeación hospitalaria ante emergencias y con quienes toman decisiones sobre continuidad asistencial.
Un hospital puede tener sus equipos técnicamente mantenidos y aun así descubrir durante una emergencia que no había considerado una dependencia crítica de infraestructura. La resiliencia tecnológica comienza precisamente cuando esas dependencias se hacen visibles antes de necesitarlas.
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Gestión de equipos médicos durante emergencias y desastres hospitalarios
Durante una emergencia, el trabajo de ingeniería clínica cambia de prioridad: ya no se trata únicamente de mantener una programación de mantenimiento, sino de contribuir a que la tecnología necesaria para la atención permanezca disponible y segura bajo condiciones anormales de operación.
Un ventilador, un monitor o una bomba de infusión pueden estar funcionando correctamente desde el punto de vista técnico y, aun así, dejar de estar disponibles para un paciente si cambia el lugar de atención, se interrumpe un servicio de soporte o el equipo debe ser trasladado. La emergencia convierte esas dependencias en problemas inmediatos.
Cuando falla la infraestructura, también cambia la disponibilidad tecnológica
La disponibilidad de un equipo biomédico durante un desastre no depende exclusivamente de que el dispositivo encienda. También depende de que existan las condiciones necesarias para utilizarlo de manera segura.
Pensemos en un ventilador conectado a un paciente. Si una evacuación obliga a trasladar al paciente a otro espacio, ingeniería clínica debe considerar el equipo como parte de ese movimiento: su estado, alimentación, accesorios necesarios y condiciones para continuar funcionando. El mismo principio aplica a monitores y bombas de infusión, aunque las necesidades concretas de cada tecnología sean diferentes.
Durante una emergencia conviene distinguir dos conceptos que en la operación cotidiana pueden parecer equivalentes:
| Situación | Qué significa |
|---|---|
| Equipo funcional | El dispositivo cumple técnicamente con sus condiciones de operación. |
| Equipo disponible | Puede utilizarse de forma segura en el lugar y bajo las condiciones que requiere la atención. |
La diferencia es pequeña en apariencia, pero importante durante un desastre. Un equipo puede superar una revisión técnica y seguir siendo poco útil si no puede llegar al paciente, si el entorno no permite utilizarlo o si depende de una infraestructura que dejó de estar disponible.
Durante la emergencia, ingeniería clínica debe coordinarse con las áreas que están gestionando la emergencia y las autoridades de gestión del riesgo de cada país. La respuesta técnica debe concentrarse en la tecnología que tiene mayor impacto sobre la atención. Eso implica identificar qué equipos requieren intervención inmediata y qué condición está impidiendo utilizarlos.
La respuesta técnica también necesita priorización
Durante una emergencia, los recursos son limitados y las decisiones deben tomarse con rapidez. La respuesta de ingeniería clínica combina dos dimensiones: la técnica y la operativa. Una gestión operativa del mantenimiento biomédico trazable ayuda a sostener ambas dimensiones bajo presión.
Prioridad durante la emergencia
Paciente → necesidad clínica → equipo requerido → condiciones para utilizarlo → disponibilidad → alternativa
Este recorrido ayuda a evitar una visión centrada exclusivamente en el activo. La pregunta no es solamente “¿el equipo funciona?”, sino “¿puede cumplir ahora la función clínica que se necesita?”.
Esto también explica por qué los equipos biomédicos en emergencias no pueden gestionarse como elementos aislados. Un cambio de ubicación, una evacuación o una interrupción de servicios de soporte puede modificar completamente las condiciones en las que fueron evaluados.
La respuesta de ingeniería clínica, entonces, tiene una dimensión técnica y otra operativa. Incluye verificar condiciones, atender fallas y apoyar la disponibilidad de tecnología, pero también requiere interpretar qué necesita la atención en cada momento.
Ese es uno de los motivos por los que la preparación previa importa tanto: las decisiones que pueden resolverse antes del desastre no deberían convertirse en improvisaciones durante él.
¿Qué pasa con un equipo que no puede seguir en servicio?
No toda tecnología afectada durante una emergencia debe volver inmediatamente a operación. Si un equipo presenta daños, estuvo expuesto a condiciones que pueden comprometer su seguridad o no puede verificarse adecuadamente su estado, la decisión de retirarlo temporalmente puede ser tan importante como mantener otro equipo disponible.
Aquí aparece nuevamente el criterio de seguridad. La presión asistencial puede ser enorme, pero la urgencia no elimina la necesidad de determinar si un dispositivo puede utilizarse de manera segura.
La recuperación de esos equipos será otra etapa del proceso y requerirá una evaluación diferente. Responder rápido no significa poner nuevamente en servicio cualquier equipo disponible; significa tomar decisiones técnicas que protejan la continuidad asistencial sin trasladar el riesgo al paciente.
Después: la recuperación tecnológica que nadie ve
La recuperación tecnológica comienza cuando la fase más crítica de la emergencia disminuye, pero el trabajo de ingeniería clínica está lejos de terminar. En ese momento hay que determinar qué equipos pueden volver al servicio, cuáles necesitan evaluación o mantenimiento y cuáles deben permanecer fuera de operación hasta confirmar que son seguros.
Un desastre puede modificar las condiciones en las que un equipo estaba funcionando antes del evento. Por eso, disponer nuevamente de energía o regresar a un área previamente evacuada no significa automáticamente que toda la tecnología pueda utilizarse como antes.
Volver a operar no significa simplemente encender los equipos
La recuperación requiere revisar el estado de la tecnología y relacionarlo con las condiciones que experimentó durante la emergencia. Un equipo que permaneció en una zona afectada, fue trasladado o estuvo expuesto a condiciones anormales puede requerir una evaluación antes de regresar a la atención y, si presenta daños o mal funcionamiento, activar el reporte correspondiente dentro de la gestión de tecnovigilancia.
En esta etapa, ingeniería clínica necesita responder preguntas concretas:
| Pregunta | Qué busca determinar |
|---|---|
| ¿Dónde estuvo el equipo? | Si estuvo expuesto a una zona afectada o fue trasladado |
| ¿En qué condiciones permaneció? | Posibles circunstancias que puedan comprometer su operación |
| ¿Cuál es su estado actual? | Si puede continuar en servicio o requiere evaluación |
| ¿Qué mantenimiento necesita? | Acciones técnicas antes de devolverlo a la atención |
| ¿Puede volver a utilizarse con seguridad? | Condición necesaria para su reincorporación |
| ¿Dónde debe quedar disponible? | Nueva ubicación según las necesidades asistenciales |
Este proceso también tiene una dimensión de trazabilidad. Después de una emergencia, conocer dónde estuvo un equipo, qué intervención recibió y cuál fue la decisión sobre su estado ayuda a evitar que un activo potencialmente comprometido vuelva a utilizarse simplemente porque aparece disponible en el inventario.
La recuperación puede requerir una reorganización diferente a la que existía antes del evento. Algunos equipos tendrán que permanecer en nuevas ubicaciones mientras continúe la operación parcial del hospital.
La recuperación también revela lo que la preparación no contempló
Una emergencia funciona como una prueba de las decisiones tomadas antes del evento. Puede mostrar que determinados equipos estaban correctamente mantenidos, pero también revelar dependencias que no habían sido consideradas en la planificación.
Tal vez el problema no estuvo en el dispositivo, sino en el espacio donde estaba instalado. Tal vez el equipo pudo trasladarse, pero no existía una forma clara de identificar su nueva ubicación. O quizá había tecnología disponible, pero no suficiente capacidad para atender simultáneamente las necesidades de varios servicios.
Estas situaciones son información útil para la siguiente etapa de preparación. La recuperación debería dejar algo más que equipos nuevamente operativos: debería generar aprendizajes para mejorar la gestión del riesgo hospitalario.
Esa es una diferencia importante entre el mantenimiento rutinario y la resiliencia tecnológica. El mantenimiento busca conservar la condición de operación de un equipo; la resiliencia obliga a preguntarse qué ocurre cuando las condiciones alrededor de ese equipo cambian.
La experiencia de una emergencia, por tanto, puede alimentar nuevas prioridades de mantenimiento, revisión de vulnerabilidades, actualización de inventarios y ajustes en los planes de respuesta. No todos los aprendizajes serán exclusivamente de ingeniería clínica, pero muchos tendrán una dimensión tecnológica que conviene documentar.
La recuperación termina cuando la capacidad asistencial logra estabilizarse, pero la preparación para el siguiente evento comienza precisamente con lo aprendido durante esta etapa.
En una emergencia, no siempre tenemos todas las respuestas
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Ingeniería clínica y hospitales resilientes: de la preparación a la recuperación
La ingeniería clínica aporta a la resiliencia hospitalaria desde una responsabilidad concreta: mantener la tecnología necesaria para la atención disponible y segura cuando las condiciones normales de operación cambian.
Ese aporte puede resumirse en tres momentos:
Identificar equipos críticos, dependencias de infraestructura, necesidades de mantenimiento y alternativas disponibles.
Priorizar la tecnología necesaria y determinar si puede utilizarse de forma segura bajo las nuevas condiciones.
Evaluar equipos afectados o trasladados, documentar intervenciones y definir cuáles pueden regresar al servicio.
Este enfoque se relaciona con la iniciativa Hospitales Resilientes frente a Emergencias de Salud y Desastres de la OPS/OMS, que contempla cuatro pilares: hospitales seguros, sostenibles, inclusivos y flexibles o adaptables. Para evaluar diferentes dimensiones del riesgo y la resiliencia, la iniciativa incorpora herramientas como el ISH2 (Índice de Seguridad Hospitalaria, versión 2), el STAR-H (evaluación estratégica del riesgo de emergencias y desastres en establecimientos de salud) y el INGRID-H (inclusión para la gestión del riesgo de desastres en hospitales).
Para ingeniería clínica, la conexión es especialmente relevante: la resiliencia tecnológica también se pone a prueba cuando el edificio permanece operativo, pero cambian las condiciones necesarias para utilizar los equipos. También depende de que el hospital pueda saber qué tecnología necesita, dónde está, en qué condiciones se encuentra y cuándo es seguro volver a utilizarla.
Preguntas frecuentes
¿QUÉ HACE LA INGENIERÍA CLÍNICA ANTES DE UN DESASTRE HOSPITALARIO?
Identifica tecnología crítica, evalúa dependencias de infraestructura, revisa condiciones de mantenimiento y disponibilidad, y aporta información técnica a la planeación de emergencias y continuidad asistencial.
¿QUÉ PASA CON LOS EQUIPOS MÉDICOS DURANTE UN DESASTRE?
Un equipo puede seguir funcionando técnicamente y, aun así, no estar disponible para la atención. Cambios de ubicación, interrupciones de infraestructura o daños derivados del evento pueden modificar las condiciones necesarias para utilizarlo de forma segura.
¿QUÉ EQUIPOS BIOMÉDICOS SON PRIORITARIOS DURANTE UNA EMERGENCIA?
La prioridad depende de la situación clínica y de la capacidad disponible en cada servicio. Ventiladores, monitores y bombas de infusión son ejemplos de tecnología cuya disponibilidad puede adquirir especial relevancia en determinados escenarios, pero la criticidad debe establecerse según las necesidades del hospital.
¿QUÉ DEBE HACER INGENIERÍA CLÍNICA DESPUÉS DE UN DESASTRE?
Debe contribuir a evaluar el estado de los equipos afectados o trasladados, determinar cuáles pueden regresar al servicio, cuáles requieren intervención y mantener la trazabilidad de las decisiones tomadas durante la recuperación.
¿QUÉ RELACIÓN EXISTE ENTRE INGENIERÍA CLÍNICA Y HOSPITALES RESILIENTES?
La resiliencia hospitalaria incluye la capacidad de mantener y recuperar la atención frente a diferentes amenazas. Ingeniería clínica contribuye desde la dimensión tecnológica, aportando conocimiento sobre disponibilidad, criticidad, seguridad y recuperación de los equipos médicos.
¿HOSPITALES RESILIENTES ES UN ESTÁNDAR PARA TODA LATINOAMÉRICA?
La iniciativa de la OPS/OMS tiene alcance regional, pero su implementación varía entre países. En Colombia fue adoptada formalmente mediante la Resolución 0625 de 2024, por lo que esa norma no debe extrapolarse como regulación aplicable a toda LATAM.
La resiliencia también se construye antes de que llegue la emergencia
Un desastre deja poco margen para resolver lo que nunca se discutió. Para ingeniería clínica, prepararse significa anticipar esas decisiones: saber qué tecnología es crítica, de qué depende, cómo mantenerla disponible y bajo qué condiciones puede volver al servicio.
La resiliencia hospitalaria también se construye desde la gestión de la tecnología. Esto exige integrar las decisiones sobre equipos, infraestructura y continuidad asistencial dentro de la planificación del riesgo.
Y esa conversación necesita algo que ningún plan de emergencia puede sustituir: experiencia compartida. Cada hospital enfrenta condiciones diferentes, pero los problemas sobre disponibilidad tecnológica, infraestructura, mantenimiento y recuperación pueden generar aprendizajes útiles para toda la disciplina.
Si eres ingeniero clínico, biomédico o trabajas en la gestión de tecnología hospitalaria, te invitamos a formar parte de la Comunidad de Ingeniería Clínica LATAM y seguir participando en conversaciones sobre preparación hospitalaria, gestión tecnológica y los desafíos que enfrenta nuestra profesión en la región.
La próxima emergencia no debería ser el momento en que empecemos a hablar de estos problemas. La comunidad también sirve para eso: compartir lo que sabemos antes de que haga falta ponerlo a prueba.
La resiliencia también se construye entre colegas
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